El folclore de Colombia
Relatos del imaginario de Colombia, con sus motivos, variantes y fuentes documentadas.
El folclore colombiano está dominado por los dueños del monte y del agua: espíritus guardianes de la naturaleza que castigan el abuso y premian el respeto. En las selvas y cordilleras reina La Madremonte, señora cubierta de musgo y hojas que descarga su furia sobre quienes dañan los bosques y desvían las aguas; a su lado, La Patasola, mujer de una sola pierna, atrae a los hombres a la espesura para perderlos. Esta es una tradición fuertemente ecológica, donde el motivo de los dueños del monte articula casi todo el imaginario rural.
Los grandes ríos del país —el Magdalena y el Cauca— aportan su propia mitología, de raíz indígena. El Mohán, ser peludo de las aguas, seduce a las lavanderas y enreda las faenas de los pescadores, mientras que El Hombre Caimán, de Plato (Magdalena), se transformó en reptil para espiar a las mujeres que se bañaban en el río, encarnando el motivo del metamorfo. En los caminos nocturnos, La Candileja, ánima envuelta en llamas, persigue a maridos infieles y abuelos consentidores.
Bajo este estrato sincrético sobrevive una raíz indígena más profunda. Bachué, diosa madre de los muiscas del altiplano, emergió de la laguna de Iguaque para poblar la tierra y regresó a las aguas convertida en serpiente al final de su vida, cerrando un ciclo de origen y retorno propio de las cosmogonías andinas. Entre el río, el monte y la laguna sagrada, el folclore colombiano funciona como un mapa moral del territorio: cada accidente geográfico tiene su guardián, y cada guardián su lección sobre el respeto a la naturaleza.
Conviene leer el folclore colombiano como una geografía moralizada en tres planos: el monte, el río y la laguna sagrada, cada uno con su guardián propio y su ley. En la espesura, La Patasola extrema el motivo del espíritu seductor que castiga al hombre que se interna solo donde no debe; en los caminos rurales, La Candileja, ánima envuelta en llamas, persigue a maridos infieles y abuelos consentidores, sumando al castigo de la lujuria el de la indulgencia. Esta distribución espacial —un espíritu para cada accidente del terreno— da al imaginario colombiano una coherencia ecológica que pocos folclores del continente igualan, como si el territorio entero estuviera vigilado palmo a palmo.
La capa más profunda es la indígena del altiplano muisca: Bachué, que emergió de la laguna de Iguaque para poblar la tierra y regresó a las aguas convertida en serpiente al final de su vida, cierra un ciclo de origen y retorno propio de las cosmogonías andinas y la inscribe entre los seres del agua. Frente a Venezuela, donde el llano abierto impone el terror sonoro, o frente a la mitología insular chilena, Colombia se distingue por subordinar casi todo su repertorio a la figura del dueño del monte: la lección que se repite no es el pecado individual, sino el respeto debido a una naturaleza que tiene dueño y que cobra el abuso con extravío, enfermedad o muerte.
-
Espíritu del monte
La Patasola
Mujer de una sola pierna que atrae a los hombres en la espesura para perderlos.
-
Dueño del agua
El Mohán
Ser peludo de los ríos que seduce a las lavanderas y desordena las faenas de pescadores.
-
Guardiana de la naturaleza
La Madremonte
Señora del monte cubierta de musgo y hojas que castiga a quienes dañan la naturaleza.
-
Metamorfo
El Hombre Caimán
Hombre que se convirtió en caimán para espiar a las mujeres que se bañaban en el río Magdalena.
-
Ánima / luz errante
La Candileja
Ánima envuelta en llamas que persigue por los caminos a maridos infieles y abuelos consentidores.
-
Diosa
Bachué
Diosa madre de los muiscas que emergió de la laguna de Iguaque y, al final de su vida, regresó a las aguas como serpiente.
Preguntas frecuentes sobre el folclore de Colombia
¿Cuáles son las leyendas más conocidas de Colombia?
Las figuras guardianas del monte encabezan la lista: La Madremonte y La Patasola. A ellas se suman El Mohán, dueño de los ríos Magdalena y Cauca, y El Hombre Caimán, uno de los relatos más célebres del Caribe colombiano.
¿De qué tratan la mayoría de las leyendas colombianas?
De la relación entre la gente y la naturaleza. Muchas giran en torno a los dueños del monte y los seres del agua, que castigan a quien daña bosques, ríos o animales. Es una tradición de fuerte sentido ecológico, donde cada espíritu vigila un rincón del territorio.
¿Qué leyendas colombianas tienen raíz indígena?
Bachué, la diosa madre de los muiscas que surgió de la laguna de Iguaque, es de origen plenamente indígena. También lo son El Mohán y La Madremonte, ligados a la cosmovisión sobre el agua y el monte.
¿Qué leyenda colombiana habla de una transformación en animal?
El Hombre Caimán, de Plato (Magdalena), narra cómo un hombre se convirtió en caimán para espiar a las mujeres que se bañaban en el río. Pertenece al motivo del metamorfo, muy presente también en otros países del continente.