Duende · Centroamérica

El Cipitío

Niño eterno de gran sombrero y pies al revés, hijo de la Siguanaba, juguetón y comilón.

Ilustración de El Cipitío, leyenda de Centroamérica

El Cipitío es una figura entrañable del folclore salvadoreño, presentado como un niño eterno de vientre abultado, gran sombrero y pies vueltos hacia atrás. La tradición lo vincula como hijo de la Siguanaba.

Es travieso e inofensivo: tira piedritas a las muchachas bonitas, persigue a las jóvenes y disfruta de la ceniza y los plátanos. Pertenece al motivo de los duendes traviesos, y el rasgo de los pies invertidos lo emparenta con el Curupira y la Ciguapa.

El niño eterno

El Cipitío es una figura entrañable del folclore salvadoreño, presente también en otros países de Centroamérica. Se lo describe como un niño que nunca crece: de vientre abultado, sonrisa pícara y un sombrero desproporcionadamente grande que le cubre la cabeza, va descalzo y luce los pies vueltos hacia atrás.

Ese rasgo de los pies invertidos, que deja huellas engañosas, es uno de sus signos más característicos: quien intenta seguir su rastro avanza siempre en la dirección equivocada. La tradición lo presenta como un ser juguetón e inofensivo, muy distinto de las apariciones que aterrorizan o matan.

Su nombre suele relacionarse con la voz náhuat «cipote», que en Centroamérica designa precisamente a un niño o muchacho, lo que refuerza su carácter de chiquillo travieso e inmortal.

Travesuras y antojos

El Cipitío es célebre por sus travesuras inocentes. Le gusta tirar piedritas o flores a las muchachas bonitas para llamar su atención, seguir a las jóvenes por los caminos y reírse escondido entre los matorrales, sin causarles verdadero daño.

También es muy goloso a su manera: la tradición le atribuye predilección por la ceniza de los fogones y por los plátanos maduros o el guineo, alimentos que se dice que busca en las cocinas y los patios de las casas.

Su risa burlona y sus juegos lo acercan más al duende doméstico que al espíritu temible; allí donde aparece deja desconcierto y travesura, pero rara vez miedo verdadero.

Origen y significado

La leyenda lo vincula como hijo de la Siguanaba: según la versión salvadoreña más difundida, la mujer hermosa castigada por los dioses fue condenada junto con su hijo, que quedó atrapado para siempre en la infancia. Así, dos de las figuras más queridas del folclore salvadoreño quedan entrelazadas en un mismo relato.

El Cipitío pertenece al motivo de los duendes traviesos, y su rasgo de los pies vueltos hacia atrás lo emparenta con el Curupira brasileño y la Ciguapa dominicana, criaturas que también engañan a quien sigue sus huellas. Como espíritu juguetón del monte y de los caminos, dialoga además con figuras como los Aluxes yucatecos.

Su perduración y su simpatía lo han convertido en un personaje muy presente en la cultura popular salvadoreña, donde encarna el lado amable y juguetón de lo sobrenatural, frente al castigo de otras apariciones.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Cipitío?

Es un personaje del folclore salvadoreño y centroamericano: un niño eterno de vientre abultado, gran sombrero y pies vueltos hacia atrás, juguetón, goloso e inofensivo.

¿Por qué tiene los pies al revés?

Es uno de sus rasgos distintivos: las huellas invertidas engañan a quien intenta seguir su rastro, que avanza siempre en la dirección equivocada.

¿Es peligroso el Cipitío?

No: a diferencia de otras apariciones, es travieso e inofensivo. Tira piedritas a las muchachas bonitas, las sigue por los caminos y disfruta de la ceniza y los plátanos, pero rara vez causa verdadero miedo.

¿Quién es la madre del Cipitío?

Según la versión salvadoreña más difundida, es hijo de la Siguanaba, la mujer hermosa castigada por los dioses, con quien quedó condenado a la infancia eterna.

¿Con qué otras leyendas se relaciona?

Pertenece al motivo de los duendes traviesos y su rasgo de los pies invertidos lo emparenta con el Curupira brasileño y la Ciguapa dominicana.