El Ekeko
Pequeña figura andina de la abundancia, cargada de miniaturas, a la que se pide prosperidad.
El Ekeko es la deidad andina de la abundancia y la fortuna, de raíz aimara y prehispánica. Se lo representa como un hombrecillo sonriente y rechoncho, cargado de bolsas, alimentos y bienes en miniatura.
En la fiesta de la Alasita se le ofrendan miniaturas de aquello que se desea obtener —dinero, casa, alimentos— para que lo conceda durante el año. Pertenece al motivo de las devociones populares de la prosperidad, hoy ampliamente vivo en el altiplano.
Origen y descripción
El Ekeko es la deidad andina de la abundancia y la fortuna, de raíz aimara y origen prehispánico. Se lo representa como un hombrecillo sonriente y rechoncho, de mejillas coloradas, vestido a la usanza andina y cargado de bolsas, alimentos, herramientas y toda clase de bienes en miniatura que cuelgan de su cuerpo.
Su imagen actual fusiona ese sustrato indígena con elementos llegados tras la colonización, y se ha convertido en un símbolo querido del altiplano. La figurilla del Ekeko se conserva en muchos hogares, donde se le ofrenda y se le tiene como portador de prosperidad para la casa.
Su devoción está viva sobre todo en Bolivia y en el sur del Perú, en la amplia región altiplánica de habla aimara, y se ha difundido también a comunidades andinas vecinas.
La fiesta de la Alasita
El culto al Ekeko tiene su momento culminante en la fiesta de la Alasita, cuyo nombre significa «cómprame» en aimara y que se celebra sobre todo en La Paz a finales de enero. En ella se venden y se compran miniaturas de todo aquello que se desea obtener durante el año: dinero, casas, vehículos, alimentos, títulos, herramientas y hasta documentos.
Las miniaturas se le ofrendan al Ekeko o se le colocan encima, con la creencia de que así favorecerá la obtención de lo que representan a lo largo del año. Es una práctica festiva y comunitaria, transmitida de generación en generación, en la que se entrelazan el deseo de prosperidad, el juego y la tradición familiar.
Significado cultural
El Ekeko se inscribe en el imaginario de las devociones de la prosperidad y la abundancia, herencia de las cosmovisiones andinas sobre la reciprocidad con las fuerzas que dispensan los bienes. Su culto, lejos de ser una reliquia del pasado, sigue plenamente vivo y forma parte de la identidad cultural del altiplano, reconocido como patrimonio de la región.
Frente a las figuras de pacto o castigo de otras tradiciones, el Ekeko representa el polo luminoso y festivo del folclore: una deidad benévola que se invoca con alegría para atraer la fortuna. En ese sentido dialoga con otras devociones populares del continente vinculadas a la esperanza y la providencia, aunque su raíz aimara y su fiesta de las miniaturas lo hacen único.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Ekeko?
Es la deidad andina de la abundancia y la fortuna, de raíz aimara y prehispánica, representada como un hombrecillo sonriente cargado de bienes en miniatura, al que se pide prosperidad.
¿Qué es la fiesta de la Alasita?
Es la fiesta dedicada al Ekeko, celebrada sobre todo en La Paz a finales de enero. Su nombre significa «cómprame» en aimara y en ella se compran miniaturas de lo que se desea obtener durante el año.
¿Por qué se le ofrendan miniaturas?
Porque la creencia sostiene que ofrendarle al Ekeko la miniatura de algo —dinero, casa, alimentos— favorece la obtención de eso mismo a lo largo del año.
¿De dónde es el Ekeko?
De la región andina, sobre todo de Bolivia y el sur del Perú, en el altiplano de habla aimara, donde su devoción sigue plenamente viva.
¿Es una tradición del pasado?
No. El culto al Ekeko es una devoción viva, parte de la identidad cultural del altiplano y reconocida como patrimonio de la región.