Gonzalo Guerrero: redención y mitohistoria en la (actual) ficción española

Retratos de Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar realizados por Koldo Serra para el MdT.
Con el último capítulo de Conquistadores: Adventum ya son hasta tres las series recientes (Carlos, Rey Emperador y El Ministerio del Tiempo) dentro de la ficción patria donde se menciona o caracteriza al «renegado» Gonzalo Guerrero. ¿Por qué ahora este interés en España por el célebre náufrago?

Créditos de la imagen: Koldo Serra.

Hasta hace relativamente poco tiempo, Gonzalo Guerrero fue tan sólo un personaje secundario que aparece de forma anecdótica en algunos documentos y cartas de los primeros años de la Conquista bajo diversos nombres, orígenes y ocupación. Su huella documental es tan leve, que autores como Rolena Adorno han llegado al extremo de negar su existencia real. Y es que hasta el momento en que Hernán Cortés costea la Península de Yucatán en 1519 en busca del Imperio Azteca nada se sabe del tal Gonzalo, como de tantos otros desconocidos náufragos antes que él. Como bien nos muestra Iván Vallado Fajardo, no será hasta muchos años después, hacia la mitad del siglo XVI, cuando comenzarán a ponerse por escrito las variopintas crónicas que nos hablan (escueta y contradictoriamente) sobre su supuesta vida entre los mayas —tatuado, «indianizado» y con mujer e hijos indígenas—, y su igualmente supuesta negativa a volver con los suyos, llegando a hacerles la guerra del lado de los naturales y a morir peleando por éstos en 1534.

Paralelismo entre la historia de Gonzalo Guerrero y la de Jake Sully en Avatar
Comparativa entre Gonzalo Guerrero y Jake Sully en Avatar (La Jornada)

El principal problema a la hora de acercarse a este personaje es que, desde su misma llegada a América, ha sido convertido en un arquetipo: el del occidental que se integra en una cultura indígena hasta sus últimas consecuencias. Su historia es, como nos cuenta Salvador Campos Jara, la de protagonistas como el de Un hombre llamado caballo (1970), Bailando con lobos (1990), El último samurái (2003) o, incluso, Avatar (2009). En el siglo XVI, Guerrero representó al renegado y traidor que dio la espalda a los suyos por los otros.

Este tránsfuga regresa en la historiografía colonial y decimonónica, viéndose dichos rasgos idealizados en sentido contrario en el contexto de las revoluciones e independencias americanas de los siglos XIX y XX. En esta interpretación como «Padre del Mestizaje», Gonzalo va a ser protagonista de canciones patrióticas, novelas, poemas, obras de teatro, murales, performances, cómics, docudramas, o hasta discursos de identidad entre diversos grupos mayas contemporáneos. Según los diferentes relatos y representaciones ha sido, por tanto, caracterizado con rasgos y cualidades bastante cambiantes a lo largo del tiempo, elaborándose a su alrededor una auténtica «historia cultural» por la que se han interesado investigadores de la talla de Carlos A. Jáuregui.

En este sentido, resulta interesante echar un vistazo al éxito que ha ido cosechando con los años en nuestro país. Como decíamos, hasta finales del siglo pasado, Gonzalo conservó en España los rasgos de amancebado, idólatra y traidor. La sentencia condenatoria contra el personaje se levanta al mismo tiempo que en España se vota la Constitución del 78, con el simbólico regalo que reciben los Reyes en su primera visita oficial a México. Durante el V Centenario del Descubrimiento de América se le dedican ya algunos trabajos oficiales importantes como el del académico Bibiano Torres Ramírez. Le siguen todavía pocas obras, caso de la novela histórica Caminarás con el sol (2011) firmada por Alfonso Mateo-Sagasta, pero ya queda patente un cambio de mirada, curiosidad y hasta simpatía. Tras el notable trabajo de divulgación conseguido por artículos como el que le dedicó XLSemanal (2014) o documentales de colaboración iberoamericana como Entre Dos Mundos (2013), veamos cómo la cultura popular comienza a representar a Gonzalo Guerrero en la ficción del siglo XXI.

CARLOS, REY EMPERADOR (2015)

Durante el cuarto capítulo de la serie Carlos, Rey Emperador (Diagonal TV, 2015) pudimos ver un mayor peso de la trama indiana, donde se nos presentaba la llegada de Hernán Cortés (José Luis García Pérez) a las costas del Yucatán a principios de 1519. Aquí harán aparición una serie de personajes tan determinantes para el éxito del periplo del conquistador como doña Marina Malintzin (la Malinche) o el cautivo Jerónimo de Aguilar. Cuando Cortés y éste último se encuentran cara a cara (luego veremos que históricamente no ocurrió exactamente así), Aguilar (Pepe Ocio) narra las desventuras de su naufragio 8 años antes y su penosa vida como esclavo de sucesivos caciques mayas. A pesar de ello, éste le asegura que no fue el único superviviente de la compañía del capitán Valdivia, sino que hubo «Otro» más del que la serie no menciona ni siquiera el nombre.

Hernán Cortés y Jerónimo de Aguilar en Carlos, Rey Emperador (TVE)
Hernán Cortés y Jerónimo de Aguilar en Carlos, Rey Emperador (TVE)

Como decimos, es probable que ese primer encuentro tan directo y, sobre todo, «casual» de Aguilar con el de Medellín nunca llegara a producirse tal cual se representa en la serie. En primer lugar, es sabido que la expedición cortesiana no fue la primera en llegar al Yucatán, puesto que Francisco Hernández de Córdoba ya había pasado por la zona en 1517. Tampoco fue Cortés el primero en pisar la propia isla de Cozumel, yendo como iba precisamente tras los pasos dados por Juan de Grijalva en 1518. Es más, desde antes de su llegada ya tenía sobrado conocimiento, por medio del «lengua» al que llamaban Melchorejo y los informes que manejaba el gobernador Velázquez en Cuba, de que hace una década tuvo lugar un desastroso naufragio en aquellas costas: es por ello por lo que elige precisamente dirigirse allí primero en busca de posibles intérpretes para su expedición.

Para ello, redactó una serie de cartas y mandó a los naturales (se habla bien de siervos indígenas o mercaderes que circulaban por allí) que se las hicieran llegar ocultas en los cabellos con un rescate a los poblados de sus destinatarios para que acudieran a Cozumel a reunirse con sus enviados en el plazo de 8 días. A continuación, Cortés se marchó de la isla para ocuparse de otros menesteres en la villa de Potonchán (estado de Tabasco) dejando una guarnición tras de sí: la hueste que realmente presenciará aquel famoso primer encuentro con Aguilar. Este episodio aparece en dos cronistas que, a diferencia de la mayoría, fueron testigos oculares del mismo: Bernal Díaz del Castillo y Andrés de Tapia.

“Fray” Jerónimo de Aguilar en su estereotipada faceta de religioso (TVE)

Andrés de Tapia se nos presenta concretamente como uno de los primeros en abrazar a su compatriota. Según nos narra, al principio les fue imposible reconocerle: recién liberado por su último amo, Aguilar iba exactamente rapado y vestido como cualquier indígena de la zona. Le costaba pronunciar el castellano y su cuerpo, de aspecto débil, era testigo de las duras y largas jornadas que había pasado acarreando agua y leña. La única posesión que conservaba de su antigua vida era un pequeño y gastado libro de horas al que encomendaba sus oraciones, razón por la que erróneamente se ha repetido después hasta la saciedad que había sido fraile o clérigo. En cuanto a la inexistente mención explícita a Guerrero, la serie es más honesta y adopta automáticamente el punto de vista de Cortés, quien efectivamente nunca nombró a Gonzalo en su Primera Carta de Relación (1519) o bien lo hizo con ese ambiguo apelativo del «Otro».

EL MINISTERIO DEL TIEMPO (2017)

Al no tratarse de una «ficción histórica» al uso, me permito aquí una pequeña introducción para los que aún no conozcáis el argumento. Creada por los hermanos Pablo y Javier Olivares para la 1 de TVE, esta serie de fantasía y viajes intertemporales nos sumerge en los avatares del Ministerio del Tiempo: una institución gubernamental secreta que, directamente dependiente de la Presidencia del Gobierno (o de la personalidad gobernante de turno en cada momento de su historia desde 1492), tiene como objetivo impedir que cambie la Historia de España. La preservación del pasado «tal y como fue» se convierte aquí en un asunto de Estado, de modo que las travesías de sus diferentes agentes (reclutados en todas las épocas) a través de las cabalísticas Puertas del Tiempo tienen como primordial objetivo evitar posibles alteraciones de la historia nacional al servicio de intereses espurios.

Los agentes Pacino y Alonso, recién aterrizados a principios del siglo XVI (ABC)
Los agentes Pacino y Alonso, recién aterrizados a principios del siglo XVI (ABC)

Así pues, el capítulo 29 (Tiempo de Conquista) transporta a dos de los agentes más queridos por el público (Alonso y Pacino) directos a 1518 con la misión de salvar a Jerónimo de Aguilar (Jorge Suquet) de su cautiverio entre los mayas y llevarlo junto a los españoles para que pueda encontrarse con Cortés y cumplir así su destino como traductor de su expedición. Entre los múltiples peligros que les aguardan en el particular Yucatán recreado en el Jardín Botánico de Málaga, la jefatura ministerial les avisa especialmente de cuidarse de un tal Gonzalo Guerrero (Miguel Ángel Muñoz), principal sospechoso de la desaparición de su antiguo compañero. La información que Irene y Salvador se limitan a exponer casi robóticamente a los agentes se ajusta punto por punto al arquetipo artificial creado por los cronistas españoles a lo largo de 169 años, utilizando de nuevo la antítesis de un Gonzalo fiero y completamente «indianizado» frente a un Aguilar vestido de hábito, contemplativo y con una fe a prueba de hierro.

La serie no parece interesada en explorar la construcción historiográfica de ambos personajes, sino que utiliza su versión final, más icónica o «acabada». Así, en diversas entrevistas a Miguel Ángel Muñoz, el actor suele citar a grandes rasgos la crónica «definitiva» de López de Gómara, mencionando episodios tan característicos del cronista como el supuesto canibalismo perpetrado al cuerpo del capitán Valdivia. Al propio Gonzalo no le es permitido contar su propia historia, sino que vuelven a poner en su boca muchas de las falacias mil y una vez repetidas sobre él a lo largo del tiempo. Con cierto regusto agridulce, el personaje acaba retratado, principalmente, como el militar veterano que posiblemente nunca fue (al menos hasta sus supuestas escaramuzas con Montejo entre 1527 y 1536).

Vuelta a la antítesis: Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar en “Tiempo de Conquista” (ABC)

¿Por qué la imagen que reproduce El Ministerio del Tiempo tiene más que ver con la «mitohistoria» que con una representación rigurosa en base a los estudios actuales? Por una razón tan sencilla como la propia intencionalidad de la serie, que no es otra que conectar con una amplia audiencia a través de la ficción e involucrarla en las diferentes percepciones de nuestro pasado, especialmente a través de la memoria colectiva o la cultura popular. Así pues, la aparición de Gonzalo Guerrero en el capítulo responde más bien a un pretexto: dentro de la (macro)narrativa o relato que plantea el Ministerio como «Historia de España», la participación de éste resultaba muy conveniente para abordar un episodio sobre la siempre controvertida Conquista de América. De este modo, las palabras de Gonzalo como fráter buscan poner contra las cuerdas al entrañable personaje de Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda), curtido soldado de los Tercios del Rey, y enfrentarlo (a él y de paso a todos los que aún comparten su visión) a la versión «triunfalista» de la Conquista que bebe desde muy joven a través de la supuesta actuación «heroica» de su abuelo y las leyendas que durante su vida ha escuchado sobre Gonzalo el Traidor.

CONQUISTADORES: ADVENTUM (2017)

Conquistadores: Adventum es una nueva docu-serie producida por Movistar+ que hace un repaso por los primeros 30 años de la expansión castellana por América, hasta acabar con la circunnavegación del globo perpetrada por la expedición de Magallanes y Elcano en 1522. Rodada en 4K en escenarios naturales y con una factura técnica muy superior a las producciones anteriores, peca sin embargo de una visión un tanto reduccionista de la experiencia de la Conquista centrándose literalmente en las biografías de los exploradores más conocidos (Colón, Ojeda, Balboa, Pizarro o Cortés), así como únicamente en su faceta militar. Los protagonistas de Adventum son básicamente soldados veteranos, «perros viejos» y curtidos al más puro estilo «revertiano», obviando que las expediciones del periodo incluían el papel activo de otros muchos tipos de gente con variadas aspiraciones como lenguas y porteadores indígenas, esclavos y libertos africanos, misioneros, veedores, mujeres solteras y casadas, así como otros muchos hombres que tan sólo eran simples marineros o artesanos que acudían desde la Península con lo poco que podían aportar. Éste fue muy probablemente el caso de Gonzalo pues, contrariamente a lo que se repite, no fue soldado en Granada ni en Nápoles: las crónicas más tempranas sólo parecen ponerse de acuerdo en que era de oficio «marinero», criado entre «baja e vil gente».

Los náufragos Aguilar y Guerrero al encontrarse frente a las costas del Yucatán (Movistar+)
Los náufragos Aguilar y Guerrero al encontrarse frente a las costas del Yucatán (Movistar+)

Así pues, la inesperada aparición de nuestro célebre náufrago (interpretado por Nacho Acero) es una pequeña sorpresa que se guarda en la manga la serie hasta el capítulo 7: una especie de «homenaje», en palabras del co-guionista y recreador Miguel Díaz de Espada (El Clan del Cuervo). El narrador en off interrumpe entonces su relato sobre la expedición de Magallanes para retroceder unos años más atrás, procediendo a contar una historia que asegura es bastante conocida entre los soldados pero que, reconoce, «se narra cada vez peor». Con las espaldas cubiertas gracias a esta ingeniosa confesión, nuestro anónimo «John Smith» se retrotrae libremente al famoso episodio del naufragio y posterior captura en la costa por parte de los siniestros cocomes. Gonzalo y Aguilar vuelven a aparecer como los primeros y únicos supervivientes, aterrorizados en medio de unas gentes extrañas con aspecto de querer zampárselos en cualquier momento.

Durante las escenas siguientes, volvemos a contemplar ese imaginado primer encuentro de Aguilar con Hernán Cortés, al que éste abraza como hubiera hecho Andrés de Tapia. Aquí sí vemos a un Aguilar de aspecto más «indianizado» que, sin embargo, vuelve a insistir en su papel de supuesto célibe y religioso. ¿Exageraron los cronistas su religiosidad al caracterizarlo como «Padre»? ¿Fue él mismo el que dio pie a ello a fin de negar un contacto estrecho con los mayas y evitar ser así castigado por Cortés? Aparte de las crónicas, las fuentes documentales relacionadas con Aguilar también son escasas, pero no tanto como las referidas a Guerrero. De hecho, sabemos que tras la Conquista de México perdió el favor de Cortés, se casó con una mujer tlaxcalteca con la que tuvo dos hijas y finalmente murió de sífilis dejando testamento en 1531.

El imaginado encuentro entre Guerrero y Aguilar que inventó Bernal Díaz del Castillo (Captura)
El inventado encuentro entre Guerrero y Aguilar al que puso palabras Bernal Díaz del Castillo (Captura)

Otro aspecto interesante de esta serie es cómo acostumbra a citar pasajes enteros de las llamadas Crónicas de Indias, persiguiendo siempre ese acabado de «autenticidad» para su relato. El problema de hacerlo literalmente y de forma acrítica muchas veces desemboca, sin embargo, en recrear pasajes que nunca se dieron en realidad, como el encuentro cara a cara entre nuestros dos antiguos compañeros de fatigas. En algún momento en el transcurso de esos 8 años que vivieron entre los mayas, Gonzalo y Aguilar se separaron para no volverse a ver jamás.

¿Recordáis aquellas famosas cartas que hizo llegar Cortés a los españoles perdidos del Yucatán? En la versión de Tapia se dice que Aguilar no llegó a avisar a Gonzalo, dando por hecho que él no querría venir, o bien por remarcar su comportamiento «ejemplar» frente al de su compañero. Diego de Landa, otro cronista posterior que manejó el manuscrito de Tapia y gran conocedor del terreno por haber ejercido como obispo en Yucatán durante años, añade que directamente Aguilar no intentó avisarle porque no le hubiera dado tiempo a alcanzarlo. Este dato cobra sentido porque la distancia a la que se encontraba Gonzalo era de 80 leguas, imposible de recorrer en el plazo dado por Cortés, y mucho menos en el castigado estado físico en el que Aguilar se encontraba. Por tanto, ni Aguilar llegó a enviar carta a Gonzalo como nos asegura la «clásica» versión de Gómara, ni el encuentro personal entre ambos tuvo lugar como nos cuenta Bernal Díaz, incluyendo las ya célebres palabras puestas en boca del marinero:

COMILLAS Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos. Tienenme por cacique y capitan, cuando hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas, ¿qué dirán de mi esos españoles, si me ven venir de este modo? Idos vos con Dios, que ya veis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traeis, para darles, y diré, que mis hermanos me las envian de mi tierra.

Probablemente Bernal quiso aquí dar voz de forma poética a la situación compartida por muchos de sus compañeros, divididos entre los rigores de la conquista y el amor que sentían hacia sus mestizos. Pero si nos atenemos concretamente a Gonzalo, lo más probable es que nunca llegara a enterarse a tiempo de la presencia de la expedición de Cortés y, por lo tanto, tampoco estuviera en posición de rechazar abiertamente su propuesta.


A pesar de la desconfianza aún generalizada entre el gremio, muchas historiadoras entendemos que la ficción cinematográfica es simplemente otra forma distinta de acercarse a la Historia, siendo capaz también de conformar un relato con sus propios propósitos, códigos, limitaciones y libertades creativas. Pero por mucha fidelidad, rigor y veracidad en pantalla que éstas se cuelguen por medalla, como espectadores no debemos olvidar nunca que toda obra surge de un contexto.

Las anteriormente recogidas apuntan quizá a una nostalgia o fascinación con nuestro pasado imperial en un momento en que sufrimos de una gran crisis de identidad como país. Son todas ellas miradas que buscan alejarse de la apropiación de discursos y símbolos que ejerció el régimen franquista, pero que a la vez se encuentran inmersas en un clima nihilista, desesperanzador y, en fin, conformista. Es posible que el interés por Gonzalo Guerrero se deba simplemente a que representa una figura más acorde a las preocupaciones de nuestro tiempo entre los que tradicionalmente protagonizaron la Conquista. En cualquier caso, nos gustaría que nuestro célebre náufrago no sólo llegara a ver normalizada su presencia, sino que tampoco perdiera en el transcurso su carácter sugerente y subversivo.

emoji exQuiero agradecer al investigador Iván Vallado Fajardo (INAH) su amable atención por correo electrónico a mis dudas sobre algunas cuestiones acerca de tan fascinante personaje, al que por cierto él se ha acercado haciendo una meticulosa disección historiográfica de las crónicas y documentos más cercanos a la época. Todos sus trabajos académicos pueden consultarse en la web: https://gonzaloguerreroweb.wordpress.com/

Si te ha gustado el artículo y te apetece compartirlo, ¡no olvides citarnos! Puedes hacerlo así: RODRÍGUEZ ALCAIDE, Iris, “Gonzalo Guerrero: redención y mitohistoria en la (actual) ficción española” en El coloquio de los perros (blog). Publicación: 30/11/2017. Consulta: [insertar fecha]

 

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